
Retazos del pensamiento


Sonaron muchas canciones en mis ánforas antes de escuchar la primera. Mi primera canción tiene nombre de poema apresurado, como su poeta. Sus letras dibujaron colores puros. Como el rojo intenso de la sangre bulliente o el limpio azul del mar allá donde se confunde con el cielo. El verde de la flora y la esperanza y el amarillo de la luz candente..
Mi primera canción se meció en los caprichos de mis rincones. Despertó a la niña y a la mujer que me habita y consagró mi insignificancia al mas bello paraíso. Mi primera canción no tiene notas sino intenciones. Olor sabor y calor. Mi primera canción selló un juramento hasta la eternidad. Y mas allá de ella, mi primera canción, suena en los pálpitos de mi caminar..

Aconteció una madrugada de abril.
No fue causa fácil librar la batalla
de vivir o morir en el intento.
Con un nudo apretando su cuello
fruto de amor constreñido y esperanza,
aconteció..
Vencieron las ganas y la intención
de cuantos allí se encontraban,
aunque su vida estaba por arrancar.
Vida entre algodones y alquitrán
plena de corazones rotos,
azucar de hortigas
y amor descompensado.
Forjando el camino a tientas,
queriendo y sin saber
que los blancos y negros
se tornan eternos grises
planchando su inocencia,
así..
perfila cada incierto paso
de cultivo y cosecha
tejiendo el arcoiris
que nace de su sol y su tormenta.
Y así..
Vive y se acontece cada día.







Por los que saben y no están.
Por los que están y no saben..
Personal e intransferible como existo
intangibles perfumes sin identidad esparzo.
Lascivio aroma de ternuras incontinentes
consciente dentro de mi inconsciencia
que me lame con larga lengua infinita..
Callo para aquellos a los que grito
con la fuerza de un mudo agónico de ver y escuchar..
Y grito con el ansia del ciego que quiere
pero no puede contar colores..
Por los que aman sin saber como desean.
Por los que sienten sin abrazar una vida..
Así cabe todo mi cariño.
Así es un mundo llamado Incógnita..
Dibujo: Jose Montal

Anhelo tanto como consiento sin mi permiso. Sabiendo que nunca seré alguien más. Sin papeles, con un papiro de jeroglíficos tatuados a golpe de cariños en la patera del alma, soy.. Podrá el mundo fundirse en el fuego de fatuas perdiciones y llevarme a los vértices de esferas incandescentes. Podrá el hielo revolverse en inmensos cubitos de momentos y vestirme de estatua intencionada.
A veces lloro.. Y lloro sin querer parar el llanto de la dulce muerte que alimenta mi vida, desatada de sensibilidad sin cruces ni avenidas. Aquella que crece en lo inhóspito del desierto y se acurruca en los estrechos recovecos suaves y frescos que habitan entre polvo de recuerdo y espejismos.
Mis lágrimas tienen el sabor de un hoy que no alcanzo a abrazar mientras aprieta la entrega incondicional de esta que suscribe. Van con ellas mis esencias paridas y aprendidas. Mis pares y mis nones. Toda mi existencia tangible y practicable en un mundo, mi mundo, sin apéndice; sin prólogo ni epílogo.
Y lloro.. Sin saber porqué ni para que soy tan indispensable allá en la nada. Pasaré a la posteridad por un encanto, por una mirada, por lo que encontré y entregué. Pero nunca, por pender de mis sueños el escapulario del olvido.

Hay noches de chances embaucados. Noches reveladas en las que salen las entrañas para gritar hacia adentro. Conspiran las sensaciones habitando lo irrazonable de nuestra intención, condensando las emociones en un borbotón sobre el que giramos dibujando un bucle que sube y baja, buscando el infinito determinado en un todo impredecible...
Queremos, sabemos, sentimos lo que va con las olas de un mar de espumas acaracoladas que fue y será tan solo lo que fragua un sueño desposeído. Admitimos lo mejor y lo peor de cada momento de fuegos encadenados y desahuciados, en un instante que transcurre eterno con dos relojes. Instante cincelado en cimientos bajo azoteas que descansan sobre peldaños de papel pintado, decorando interminables aromas de impías reminiscencias.
Y emanan mieles con sabor al amargo de la almendra abandonada en el campo. De aceituna partida en la escarcha de la madrugada. De los pulsos de la tierra germinada en los abortos del cielo. De ángeles desalados y dioses sin identidad.. Y buscamos el norte de un corazón sin rumbo, en amaneceres de inmensa gratitud donde los sueños se hilvanan con dedales de bronce y agujas de pico curvo.
Hay noches de chances embaucados. Donde los posos descafeinados resbalan por los albores de un mañana ya sereno que aprende a desaprender el pensamiento y sonríe al horizonte en un camino sembrado de lunas y arcoiris.

Ven, pasa y acomódate. Hoy es un día especial. Vamos a soñar un ratito..
Deja la mochila y guárdate el mundo. Recuéstate. Coge mi mano y siente el calor. Cierra los ojos. Abre el corazón y despierta los sentidos. Adormece la razón.
Atrévete a saltar el precipicio de esta estancia con mis alas que son tuyas y cuéntale al viento en el impulso cuantas cumbres acaricias. Cuantos gozos amamantas..
Desnúdate de temores. Desármate de corazas. Despójate y rebusca en los bolsillos de la piel. Imántate. Embriágate de aromas y embadúrnate de aceite de almendras dulces. Enrédate entre marismas. Escucha mi silencio. Pinta una nube y déjate llover. Déjate llevar.. Suelta las riendas y coge las crines. Mánchate de cariño y límpiate de entuertos. Respira.. Diluye la oscuridad y tamiza la penumbra. Mécete entre mis lianas. Espera y camínate. Camíname.. Pasea tu sonrisa. Despierta a los duendes. Cobíjate en los sueños. Sacúdete. Mima tus colores. Cuenta mis sabores. Adivíname y descúbrete. Envuélvete en las sombras. Dibuja mis contornos y recórreme. Piénsate y enséñame. Apréndeme.
No sueltes mi mano. Siente..
Atrévete..Vuela..




